5 de marzo de 2024

España pisa el acelerador de las energías renovables.

Este año está previsto que se convierta en el primer gran país europeo capaz de obtener más de la mitad de su electricidad de fuentes limpias gracias al crecimiento de la eólica y la fotovoltaica.

Este es el año que marcará el punto de inflexión en la transición ecológica de España. Los últimos datos publicados generan expectativas muy halagüeñas. Según estimaciones de Red Eléctrica de España (ahora Redeia), las energías renovables podrían alcanzar el 50% de la generación eléctrica anual. En lo que llevamos de 2023, la eólica y la fotovoltaica suman el 36,8% del mix energético de nuestro país (con un 21,4% y un 15,4% respectivamente). Así lo revelaban los informes presentados el pasado mes de marzo relativos al ejercicio 2022.

Y por si quedara alguna duda, el informe de la consultora noruega Rystad Energy apunta en la misma dirección. En base a la evolución y los datos alcanzados, «España va a convertirse en 2023 en el primer gran país europeo que obtenga más de la mitad de su electricidad de fuentes renovables gracias al auge de la eólica y la fotovoltaica».

Vamos a buen ritmo en la transición ecológica, que constituye una oportunidad inigualable. En palabras de la secretaria de Estado de Energía, Sara Aagesen, «tiene un beneficio inmenso para los ciudadanos y las empresas; estamos preparados, con nuestras redes y nuestra capacidad de ayuda y consolidación de solidaridad a nivel europeo».

Los expertos coinciden en que 2023 será un gran año para que «España consolide su posición como motor renovable de la Unión Europea (UE)», remarca Beatriz Corredor, presidenta de Redeia.

En la misma línea, desde Iberdrola subrayan las ventajas de nuestro país. «Nos presentamos como el hub energético de Europa: no sólo porque contamos con sol, aire y agua que se pueden almacenar, sino porque, además, hemos demostrado que hacer energía con renovables es más competitivo que con fósiles».

Para empezar, tenemos una posición geoestratégica privilegiada y contamos con gran riqueza natural. Ni el petróleo ni el gas abundan, pero disponemos «de más horas de luz solar que ningún otro Estado miembro de la UE, uno de los depósitos de litio más grandes del continente y unas condiciones óptimas para el aprovechamiento del viento y la fuerza del agua», afirma un documento de la presidencia española del Consejo de la UE.

Esto ha permitido que España sea uno de los países europeos con mayor capacidad de generación de energía renovable, el undécimo que menos dióxido de carbono emite por habitante y el decimocuarto más sostenible del mundo, tal como declara el último Environmental Performance Index de la Universidad de Yale.

Dado que España ha asumido el compromiso de convertirse en una economía circular y neutra en carbono antes de 2050, está apostando por la toma de medidas que minimicen los impactos del cambio climático y transformen las formas de relacionarse con la naturaleza.

Una hoja de ruta muy clara

Por todo lo anterior, en España estamos inmersos en una estrategia de reformas profundas y objetivos ambiciosos con el fin de liderar la transición ecológica de todo el continente. Aparte de caminar hacia la descarbonización en 2050, reduciremos la dependencia energética del exterior, lo que será otro de los grandes beneficios. Se calcula que con la sustitución de combustibles fósiles, España podría ahorrar más de 340.000 millones de euros en importaciones durante los próximos 30 años, lo que equivale al gasto público en educación de siete años.

Como recuerdan los expertos, aunque el uso de combustibles fósiles en el sistema eléctrico sigue siendo elevado, durante los últimos 10 años hemos duplicado el porcentaje de electricidad generada a partir de energías renovables.

«Ahora tenemos una oportunidad única para poder atraer industria a nuestro país y que consuma esa energía que es más barata que en otros países europeos», señalan fuentes de Iberdrola a este periódico. «Contamos con los costes energéticos más bajos a largo plazo. Además, las renovables pueden dar precios fijos a 15 años». Por tanto, «si hacemos redes suficientes para que las renovables lleguen a la industria, esta ventaja competitiva nos puede servir para reindustrializar el país», añaden desde la multinacional.

Ventaja competitiva

En algunos momentos de la historia reciente, «mientras la mayoría de Europa pagaba precios de 100 euros por cada megavatio-hora (MWh), España se quedaba en 25 euros gracias a la energía solar y a sus bajos costes, lo que supone una ventaja económica que ocurre cada vez con más frecuencia», ha destacado recientemente José Donoso, director general de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF).

Es precisamente en energía solar donde España se ha convertido en un ejemplo a seguir para el resto de Europa. «De la necesidad de combatir con fuerza la emergencia climática, a través de la integración de una energía limpia y barata, hemos construido la oportunidad de transformar nuestra sociedad gracias a la consecución de una transición energética justa y sostenible que reduce los costes energéticos de empresas y familias», tal como señala Donoso.

Volviendo a los últimos informes de Redeia, queda constatado que España ocupa el segundo lugar en potencia instalada en renovables y también en eólica, sólo por detrás de Alemania. En el sector de la energía solar, nuestro país se sitúa como el tercero con más capacidad, con Alemania y Países Bajos por delante. De esta manera, nos convertimos en el segundo país europeo que más energía produce mediante la suma del viento y el sol.

Balanza favorable

Gracias a este liderazgo, España ha podido apoyar en 2022 a sus países vecinos. Por primera vez desde 2015, se ha cerrado el año con saldo exportador positivo. «Se trata del mayor registro histórico, casi 20 teravatios-hora (TWh)», subrayan desde Redeia.

En términos de potencia instalada, las renovables sumaron durante el año pasado 5,9 nuevos gigavatios (GW) al parque energético español. De esa cantidad, 4,5 GW fueron fotovoltaicos y 1,4 GW, eólicos. Estos datos vienen a demostrar la espectacular evolución de la solar fotovoltaica: ha sido el año que más ha crecido en potencia instalada, lo que le ha permitido superar a la hidráulica y convertirse en la tercera fuente en el mix. Por su parte, la eólica se mantiene como la tecnología protagonista: uno de cada cuatro megavatios en servicio en España es de origen eólico.

Este nuevo impulso ha permitido que la energía del viento haya representado el 22% del mix, mientras que la fotovoltaica ha alcanzado el 10%. De este modo, ambas tecnologías han registrado sendos récords de producción y, en el cómputo total, las renovables superaron en 2022 el 42% de la estructura de generación.

Un ‘mix’ en transformación

Pese a ello, el mix energético nacional sigue mostrando la persistencia (eso sí, cada vez menor) de fuentes tradicionales como el carbón, la energía nuclear o el gas natural. Según datos de Redeia, la primera fuente de generación en lo que llevamos de año ha sido la eólica (21,4%), seguida por la nuclear (20,7%), el ciclo combinado (18,1%) y la solar fotovoltaica (15,4%). Hasta principios de octubre, «se ha producido más electricidad con fotovoltaica que en todo el año 2022, lo que supone un incremento del 33,1% respecto al mismo periodo de 2022», añaden desde la gestora de las infraestructuras energéticas españolas.

La estrategia no admite dudas. Cuenta con el impulso del Gobierno central, que el pasado mes de junio subió su apuesta por las renovables con una revisión al alza del Plan Nacional de Energía y Clima (Pniec). Dicha propuesta de actualización plantea que las energías limpias cubran el 81% del consumo de electricidad en 2030 (ahora, su cuota es del 50%), frente al 74% fijado inicialmente. Las emisiones de gases de efecto invernadero se recortan un 32%, frente al 23% anterior. La introducción de las renovables en el consumo de energía final se fija en el 48% en 2030, por encima del 45% que plantea Bruselas y del 42% fijado hasta ahora en España.

Cuanta más ambición, más ayudas. El pasado julio, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico lanzó una nueva línea de incentivos para proyectos de producción de electricidad y calor mediante energías renovables, con el objetivo de sustituir la producción a partir de combustibles fósiles (gas natural, fuelóleo y gasóleo). El programa, Renocogen, está dotado con 150 millones de euros en fondos procedentes del proyecto NextGeneration EU y canalizados a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Está dirigido a aquellos titulares de plantas de cogeneración y de tratamiento de residuos que decidan reemplazar las fuentes de energía fósiles por otras renovables.

Fuente: https://www.elmundo.es/extras/energia/2023/10/18/652ea60fe9cf4a65208b4573.html