26 de febrero de 2024

El biogás o la oportunidad de producir energía a partir de nuestros residuos orgánicos.

Las calles de Barcelona, Madrid, Zaragoza o Valencia han visto aparecer un nuevo contenedor marrón junto a los cubos habituales para depositar la basura. Está destinado a que los ciudadanos desechemos los residuos domésticos de origen animal o vegetal. Su tratamiento permitirá obtener un gas renovable, el biogás, que se puede utilizar para producir energía o generar calor. España puede convertirse en una potencia en la producción de esta nueva fuente de energía.

En enero de 2024 deberá estar implantada en todo el país la recogida y gestión del contenedor marrón, donde se depositarán los residuos orgánicos, que suponen cerca de la mitad de los desechos que generamos en nuestros hogares. Su implantación muestra la creciente importancia de este tipo de residuos para nuestra sociedad, que se pueden usar como materia prima para producir varios tipos de combustibles renovables. 

Entre estos nuevos combustibles se encuentra el biogás, que también se puede producir a partir de otros residuos orgánicos, como los lodos de depuradoras de aguas residuales y aquellos procedentes de la agricultura y la ganadería, como restos de podas o purines. 

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía en España (IDAE) resalta el valor del biogás como la única energía renovable que puede utilizarse en todas las aplicaciones energéticas. Hoy en día, su principal uso se centra en la generación de energía eléctrica y térmica, que puede ser utilizada tanto para el consumo doméstico como comercial. 

A partir del biogás, podemos obtener también una versión depurada, el biometano, que, por su composición química y poder energético, se puede usar como sustituto del gas natural. De este modo, es posible inyectarlo en la red gasística y generar calor en la industria o en los hogares sin necesidad de crear una nueva infraestructura. Sus características lo convierten también en una alternativa para los coches que utilizan autogás como combustible. El objetivo del Gobierno es que, en 2030, el 1% del gas que se distribuya en España sea biometano.

Una oportunidad de desarrollo para el campo.

Para poder alcanzar este objetivo, el papel del campo español va a ser crucial. En nuestro país contamos, por ejemplo, con más de 200.000 explotaciones ganaderas, por lo que tenemos a nuestra disposición gran cantidad de residuos orgánicos que se pueden usar como materia prima para fabricar biogás. El potencial es tan alto que Vicente Bernal, científico sénior en Repsol Technology Lab, calcula que “España se encontraría en segundo puesto del ranking europeo en la producción potencial de biogás por disponibilidad de este tipo de residuos”. 

Este gas sostenible ofrece, por tanto, una enorme oportunidad para la economía de las zonas rurales y sus habitantes. La clave es construir las nuevas plantas cerca de las explotaciones agroganaderas, lo que permitirá generar empleo y mejorar la gestión de sus residuos. Además, el biogás generado podrá ser reutilizado en parte por las explotaciones para producir su propia electricidad. “Convirtiendo nuestros residuos en recursos”, calcula Bernal, “se estima que podríamos contar con unas 2.000 plantas en todo el país”.

Una de las regiones estratégicas para producir biogás puede ser Galicia, donde Repsol, Naturgy y Reganosa, con la colaboración de Impulsa Galicia, están desarrollando un proyecto que consistirá en crear una red de plantas para transformar a gran escala los excedentes de purines de la región en fertilizantes orgánicos y biometano, gas renovable que servirá para descarbonizar el transporte, el sector residencial y la industria. En total, se calcula que con esta iniciativa se evitaría la emisión de unas 500.000 toneladas anuales de CO₂. Además, serviría de apoyo al sector agroganadero en la gestión de purines y permitiría crear empleo de calidad en las zonas rurales, con cerca de 600 puestos de trabajo directos y 1.900 indirectos en los próximos años.

Un gran potencial de crecimiento.

Según IDAE, en la actualidad existen 146 plantas de biogás en España, próximas la mayoría a vertederos y estaciones de depuración de aguas residuales. Comparado con nuestros socios comunitarios, estamos hablando de unas cifras aún muy bajas. En la Unión Europea se contabilizan hoy alrededor de 17.000 instalaciones de biogás y 725 que inyectan biometano en la red.

La construcción de plantas de biogás cerca de las explotaciones agroganaderas permitirá mejorar la gestión de sus residuos y generar empleo en las zonas rurales

En los últimos años, el compromiso público está permitiendo avanzar para convertir a España en una potencia en la producción de biogás. En marzo de este año, el Gobierno aprobó la Hoja de Ruta del Biogás, que persigue que la producción de biogás se multiplique por cuatro de aquí a 2030. En julio, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) abrió una línea de ayudas de 150 millones de euros dirigida a “actuaciones de aprovechamiento energético de residuos orgánicos que potencien la economía circular” mediante instalaciones de biogás. Para la concesión de las mismas se daba especial importancia al impacto positivo en zonas rurales. 

Con tales oportunidades, llega el momento de ponerse manos a la obra para generar la infraestructura que permita hacer crecer el uso del biogás y el biometano. Para alcanzar el objetivo de neutralidad climática en 2050, Europa calcula que la producción de biogás, biometano e hidrógeno renovable deberá crecer un 1.000% respecto a las cifras actuales. Queda camino por recorrer pero, como hemos visto, ya se están dando los primeros pasos.