Energía Nuclear 2030: átomos para el desarrollo

En el acuciante contexto macroeconómico que nos rodea -donde resulta urgente encender la economía-, el sector nuclear argentino cuenta con un valiosísimo capital de aprendizajes que vale la pena reactivar y que trascienden el vaciamiento en el que devino el sector a partir de 2015. Presumiblemente, entre este capital de saberes se encuentre la clave para desplegar un futuro de desarrollo con lugar para todos. Durante estos tres años y medio fuimos profetas en el desierto. Alzamos una y otra vez la voz en los medios, en las aulas y en los eventos en defensa de este sector cancelado arbitrariamente por un gobierno que nos congeló la ciencia y la tecnología.

1. Estado emprendedor

Hace 10 años atrás, el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación declararon con fuerza de Ley el interés nacional de las actividades de diseño, construcción y operación de centrales nucleares, de manera de responder a la demanda energética movilizando la industria local e incorporando valor agregado. No se trataba solamente de un gesto declarativo, sino más bien de establecer el marco jurídico para la política estratégica ya plasmada en el Plan de Reactivación Nuclear presentado en 2006.

Así,  la Ley Nº 26.566 aseguró que el Estado argentino pudiera financiar dos proyectos vitales para la recuperación de este sector de trayectoria excepcional en el país: la finalización exitosa de la construcción de la central Atucha II y la extensión de vida de la central Embalse. Hacia 2014, el reactivado sector nuclear argentino se encontraba lo suficientemente fortalecido como para concretar el diseño, la construcción y la operación de unas cuarta y quinta centrales que produjeran nucleoelectricidad.

En toda esta historia de reactivación y megaproyectos, el Estado argentino tuvo un papel preponderante al invertir sostenidamente en el desarrollo de una tecnología capital-intensiva que, sólo en el caso del proyecto de Atucha II, movilizó: 128.000 documentos de ingeniería; 43 millones de horas-hombre de trabajo nacional; más 2 millones de horas de ingeniería locales; más de 5500 personas en el pico de construcción del proyecto en 2011 junto con 27 empresas nacionales que quedaron calificadas para proveer al sector en los próximos proyectos.

Se destaca la labor de Nucleoeléctrica Argentina SA, la empresa 100% de capital estatal que, a través de una Unidad de Gestión altamente especializada, llevó a cabo el proyecto de finalización de la megaobra de Atucha II bajo la dirección del Ing. José Luis Antunez. Queda en la historia de los héroes anónimos de nuestro país el puñado de trabajadores de esta empresa pública que, como el Coordinador de Construcciones de la central, resguardaron de la oxidación, el incendio, la falta de presupuesto y el olvido 85.000 piezas en su empaque original durante los fatídicos años 90 y comienzos de los 00, a la espera de que la obra retomara su marcha definitiva en 2006.

2. Capacidades nacionales

Remontar la construcción de la central nucleoeléctrica Atucha II e iniciar la extensión de vida de Embalse fueron chances históricas para recuperar las capacidades que se necesitan en el desarrollo de tecnologías capital-intensivas.

El diseño, la construcción y operación de centrales nucleoeléctricas ha sido una fuente gigantesca de fomento a las capacidades de la ciencia y la tecnología argentinas, así como de la industria nacional y el empleo local en todas sus variantes. Al mismo tiempo, también ha sido un ejercicio de coordinación de capacidades políticas, institucionales y organizacionales.

Diseñar, construir y operar centrales nucleoeléctricas supone coordinar una red de elementos de naturaleza dispar: artefactos, organizaciones, conocimientos, recursos naturales, regulaciones y actores diversos (científicos, ingenieros, técnicos, políticos, militares, administrativos, diplomáticos, empresarios, sindicalistas, activistas). Para ser posibles, estos proyectos necesitaron tecnólogos e ingenieros y también una burocracia especializada que fue capaz de aceitar las articulaciones de un encadenamiento productivo, potenciando los vínculos del sector nuclear con otros ámbitos de la vida social (energía, salud, medio ambiente, universidad).

En esta misma línea de recuperación de las capacidades nacionales para el diseño, construcción y operación de centrales se entiende la urgencia de los miembros más antiguos de este sector por resguardar un enorme acervo de activos intangibles trasvasándolo generacionalmente. Las administraciones del Estado previas al Plan de Reactivación Nuclear no consideraron que el sector incorporara gente nueva. Así, al momento de retomar la construcción de centrales nucleares faltaba, por lo menos, una generación de profesionales idóneos para la tarea. Con todo, las empresas y organismos del sector comenzaron a incorporar técnicos y profesionales de carreras afines con menos de diez años de experiencia laboral. Durante 8 años, estos jóvenes profesionales forjaron su trayectoria dentro del sector nuclear, quedando en condiciones de construir las próximas centrales. En 2014, desde la gerencia de Nucleoeléctrica Argentina sintetizaban así: “la única forma de transmitir ese activo es a través del conocimiento in-situ. Uno puede escribir el know-how pero lo que no puede escribir es el know-why. Es decir, por qué uno hizo el know how que hizo. Eso es un escalón más arriba y necesita de la continuidad generacional. Para el caso de Atucha II, por ejemplo, tuvimos la suerte de que los más viejos todavía no nos habíamos ido. Sumamos los esfuerzos de un conjunto de gente joven, quienes obtuvieron un valioso entrenamiento en la ejecución de tareas junto a los más experimentados del sector. Ahora quedan profesionales jóvenes y formados para desarrollar las próximas centrales”. Realidad totalmente desaprovechada en estos tres años y medio que los tiró al callejón del desempleo.

3. Desarrollo seguro y sustentable

En un contexto global donde podemos observar el aumento de la temperatura debido, principalmente, a la emisión de gases de efecto invernadero (como el dióxido de carbono), vale preguntarnos si podemos seguir dándonos el lujo de quemar fósiles para obtener energía eléctrica. En nuestro país, ya estamos lidiando -sin mucha lucidez- con la afectación del cambio climático en el rendimiento de las cosechas y en la pérdida de hábitats por mega inundaciones. Por su parte, la nucleoelectricidad responde tanto a la demanda energética -que aumenta a pasos agigantados-, como al imperativo del cuidado de nuestro ambiente: las centrales nucleoeléctricas no emiten dióxido de carbono a la atmósfera.

En Argentina, el interés por desarrollar una industria nacional en torno a las actividades de diseño, construcción y operación de centrales nucleares viene de la mano con la  adecuación de los diseños a las nuevas exigencias establecidas por la normativa internacional, con el fin de incrementar la seguridad nuclear en el marco de un desarrollo sustentable.

En 2016, la Secretaría de Ambiente del Ministerio de Agua, Ambiente y Servicios Públicos de la Provincia de Córdoba, autoridad de aplicación de la Ley Ambiental más completa y moderna del país, otorgó la licencia ambiental para el proyecto de extensión de vida de la central nuclear de Embalse, después de la entrega de un Estudio de Impacto Ambiental -que evaluó las diversas variables socioambientales del proyecto- y de una audiencia pública, donde este fue examinado por la comunidad. Allí, vecinos, expertos, ambientalistas, docentes y organizaciones gremiales pidieron un nuevo requerimiento: la entrega de informes semestrales donde fuera reportada la actualización de la tarea de extensión de vida. La experiencia de auditar públicamente el proyecto le recordó al sector que acciones como estas son constitutivas y de suma importancia en los complejos procesos vinculados con un desarrollo que incluya a todos, al poner en escena la capacidad y libertad de elección ciudadana sobre cómo es que quiere desarrollarse.

El próximo gobierno argentino tiene entre sus manos la excepcional posibilidad de concretar proyectos tecnológicos de complejidad creciente, ofreciendo a la sociedad un modelo de desarrollo con lugar para todos. Ahora se abre la esperanza nuevamente de aprovechar y expandir nuestra ciencia y tecnología por el camino correcto. Lo importante es no demorar más.

*El Centro de Desarrollo y Asistencia Tecnológica (CEDyAT) es una Unidad de Vinculación Tecnológica (UVT) dedicada a articular respuestas para las necesidades de la gestión pública, en un marco de plena transparencia. Desde 2009 desarrolla análisis, planes y estudios de diversa índole en los proyectos vinculados al diseño, construcción y operación de centrales nucleoeléctricas en el país.

Fuente: https://www.cronista.com/economiapolitica/Energia-Nuclear-2030-atomos-para-el-desarrollo-20190930-0028.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*